lunes, 25 de mayo de 2015

Los que respiran lentamente el silencio de los golpes
son invasores de caminos en combustión.
Sumergen agudas y filiales manos.
Degollan párpados filiales.
Únicamente pueden perseguir el viento que la sombra
                                              [ rompe de esa equivalencia.
Así cada muerte es una muerte en un túnel.

Igual pasa con los que suben ensangrentándose
de un frío anonimato hacia la estación de madurez.
Son símbolos del cauce del miedo.
Su peripecia, un fervor seco hacia las osamentas.
Su peripecia nos extermina como una canícula de lo impuro.
Nos ocultan en nuestro tránsito como en un túnel.

Bajo la impunidad la palabra se desgaja suspendida como en un sacrificio.
Aquí no existen ebrios éxtasis que despierten
para el destilado de las podredumbres o el destilado del terror,
pues aún más que el agua es el fuego quien habita esta dictadura.

Ella se hilvana continuamente
muy próxima a donde es devastadora la noche.
El insomnio es siempre una muestra de infelicidad.
Pero las sábanas de templanza de los sudores
y la menstruación de la pólvora son rumiantes escaleras.

La incógnita entre las espinas se ha preñado como una loca
para que nosotros debamos ansiar reventarnos
con nuestros arrobados latigazos entre las espinas.
No queda cloaca en ninguna parte
para pudrirse en la obscuridad como en un impersonal anudamiento
ni aunque el ano se maquille de estéril vulva.
La estéril vulva es siempre un légamo ilusorio,
siempre inclinado a una paciencia de rayos vehementes.
Se mojan de lleno las brasas en un mal sazonado precipicio.
El sexo de los túneles se embute una vieja mortaja.

Toda raíz que desee despertar y expandirse repudia túneles como éstos.
Todos los mártires añoran aniquilar túneles como éstos.

                                        25-mayo-2015