miércoles, 27 de mayo de 2015

El mar embalsamado es olvido, y tan ocioso como los epitafios.
Las voces no son quien de llorar en él.
Se diluyen con sus fiebres indolentes, desesperadas
por el malestar y las metamorfosis del sueño.
La arena materna es linfa oculta, adelgazada y marchita.
El convicto que llena su sexo está hoy en mi andamiaje.
Como el clandestino insomnio, no tiene origen. Una armazón
                                                                        [ de póstuma impudicia
con múltiples plenilunios hilados por los remordimientos. El cuerpo
                                                                                                        [ es otro.
Jamás lo he liberado; no corona ningún diafragma.
Este tiempo se ha ido fatigando como el esperma de una prisión.

Ésta es la ansiedad que disfraza mi éxtasis: pereza y esclusas
diluviando sus levaduras tóxicas,
una estirpe de silencios. Mis obscuridades las tajan con puñales
mientras me muerden hoces y detritus.
Ésta es la clámide de la purga.
Estos delirios son áridos. Secos e hirientes como alucinaciones.
Los huesos son un muro turbio, desasistido.
¡ Qué injusto ser procesado por esta deriva!
Certero como un cáncer,
me ensordezco en esta virginidad lúgubre, vaso tras vaso.

El alcohol es un reloj. Lo envuelvo.
Me reúne hasta la catársis con él, destructor y devónico.
Aún exuda, no se harta.
Es fondo de los labios. Un plácido eclipse
que hace prolíficas mis neurosis, las equilibra para frenar
los lastimados regueros químicos que calibran este menguante
                                                                                              [ subsidio.
Cuánto debo a los locos:
la ética, las realidades invidentes, los estrábicos excrementos.
El convicto es una litografía de los locos.
Ha respirado el mito que enajena el vómito trashumante de la bondad.

Es un maniquí que los maremotos arrastran
después de que las lágrimas lo hayan copulado,
perimetrándolo como a una carroña o una sepultura,
un manojo de pubis o de cicatrices
para hacerlo nutriente en un abismo y masturbarle la desdicha,
o un hedor elemental: desidia de las moscas.
Ahora los fragmentos maduran infectados en la distonía.
Mas tarde elucubrarán
en ácido como enjambre de sabandijas.
Mas tarde el infierno poseerá un coliseo adolescente, laxo,
                                                                                  [ de otra edad.

Sobre uno de los tictac de los andenes, un noviembre orinado
guarece una nueva confidencia. El clima es carnívoro.
Ahora, para este mortal, la orina es un halo delicuescente.
Los alacranes de la lepra le han disfrazado la ciénaga,
y todavía conjuga bajo las túnicas,
heredando la máscara de los harapos.
Yo agravio entre estos vahos que narcotizan seminales suicidios.
Los enredos nómadas del almanaque son paja anciana. Herida
                                                                                 [ por culpa del vértigo.
Yo, con mi azar abstracto, soy el reo,
y estas cadenas humildes, plagiadas por los gérmenes,
                                                            [ la hégira que me arropa.

                             27-mayo-2015