lunes, 27 de abril de 2015

Yo cargo una memoria niña y calcárea,
atirantada en su paladar y en su humo más inocente
y con unas madrugadas que la visten de estrías.

Sus bondades os irritan, os cubren de púas,
se os aparecen en abanico, en una esterilidad indeclinable,
enajenan vuestra ronquera, os ajetrean el equipaje.

No se deben desenmascarar los minutos
que podrían ahogaros y volveros prisioneros,
tan proclive es el azar a los zigzagueos.

Sobre las coronas acartonadas las espinas que se hinchan
terminan por perdonar fracasos a mitad de camino
y avanzamos para pisar otra pendiente,
y nos descubrimos sin miedo, foscos los pies,
aromando el ahora de la herida que nos piensa.

                                   27-abril-2015