lunes, 27 de abril de 2015

Quien silenció la ansiedad de estos labios
empuñaba mejor la urgencia.
                                                     La abolición del éxtasis
concreta y excita la espiral de la noche:
materializar el estrépito y su inerme semilla.
El lapidario parpadeo al insomnio de la urbe,
el nigromante, la caligrafía de Alonso de Ercilla
ignorando la teoría y el tacto de la mirada.
De otra estampa el ácido lisérgico
sin la seguridad de la jaula
pero mejor mecánica; el péndulo del color,
la musculada pupila de las conjunciones extrávicas,
la débil hechura de la vulva irregular,
que se abren para ti.
                                    El trapecio fugitivo,
las brasas y la cal y la desidia
jamás retrasarán tu soga
y se abren para ti.
                                Tu veneno golpea
no en la expiación, pero sí por su grasa interina,
y así resbalas fauces que sin tú proponerlas
caen ante ti; no su infinito
que retrasa tu forma.
                                      Tambien en tus talones
espera la cinematografía de la saliva.

                                   27-abril-2015