miércoles, 4 de marzo de 2015

Se pronuncia el innombrable y exhala vértigo.
No hay que enterrar los reflejos que la presencia
para poder ser real, ansía.
Eres una concavidad
como las que te limitan, abandonada
por la turgencia y el silencio. Anulas
la trasminada epidemia del azar.

Es inútil mostrar el sudario,
aprueba la purga en el manantial,
y que espese de ira
la malignidad de la trampa.

A mí desean descomponerme las lámparas heladas,
el aceite que me clausura anudándome,
en la brasa, sediento, envarado,
y, si el hálito nos encara, los viscerales filos
de los despojos que hablan dentro de la fiebre.

                               4-marzo-2015