lunes, 16 de marzo de 2015

Mi camino es un océano, o un desierto, o una
galaxia, o un cosmos
trepidante con su diagnóstico dinámico de voluntades,
y en ocasiones determina líneas en tu cuerpo,
cruza los adentros de tu organismo,
exige los numéricos volúmenes,
incendia las aritméticas axiales más inauditas
de ti, intuye los teoremas
que tú no conocías.

Pero mi camino es por encima de todo una metafísica,
una metafísica madura, audaz,
que te embriaga sin que la ingieras,
que corta con pulcritud la razón de las direcciones
de tu substancia, y las articula,
de la misma manera que la locura va enajenando los nervios,
o un obrero ladrillo a ladrillo completa una arquitectura.

Mi camino,
mi camino ecuacionable,
múltiple, filosófico,
contradictorio en sus bifurcaciones, polvo
de una tierra abierta en orillas.

Una metafísica de imprevista luz,
de espejos arteriales,
que te traccionan, y te adaptan, y te acoplan
y todavía te fusionan,
porque son abismo siendo libertad,
y a ellos llega el cántico de la tierra
en tu obscuridad.

Yo sucumbiré de angustia en cualquier momento,
en algún vértice sin importancia,
pero mi camino, tan rotundo,
será la consciencia de lo absoluto, será
el tiempo, vertiendo
cada minuto en las bocas de los hombres, su palabra
y el mundo incontestable.

Porque mientras la eternidad no se pierda,
mientras entiendas el éxtasis de cada elemento
( aire, agua, fuego y tierra ),
esa movilidad del camino,
esas direcciones a veces difíciles,
se ceñirán a tí,
a tu interior,
y serán cuerpo de tu esencia.

                           13/16-marzo-2015