martes, 24 de marzo de 2015

Infortunio de la tormenta coral, violenta,
pero que interfiere en los siglos.
Infortunio del ángulo de opresión
de apostura viril, distante, que engruda
la malla antigua
y la malla reciente.

Un cautivo tiene que poseer su abstinencia
para que cribe por la dentada luz
líquido tiempo, que palidezca su semilla;
un tiempo que debe aplacar
incluso al tacto indefenso.

Bajo esta semilla, anterior a poder alguno,
lame de los huesos
el subsuelo la gruta cambiante.
Y un gemido nace animal
en el nombre,
lazo turbio caído en el broquel
del que valida la huella.

Suplicante rastro ciego: únicamente cincelas
un color, una onda
de quién sabe qué marea.
No relevas a la piedra
de la tenaz garra ni del bregar ávido
de los culpables.

                           24-marzo-2015