jueves, 19 de febrero de 2015

Destierro formas que aroman mi delirio
y de la axila me cuelga
una lata y un cuento infantil.

Quiero morder las flores amarillas,
pudrirme en el dodecaedro de tu vientre,
anclarme en la vulva de tus harapos.

Busca por mí un destilado cautiverio
en cuyas esquinas el sexo no sea aséptico
y el bienestar tenga los tiempos de la máscara.

Existir no hace buenos cortes en los cristales del silencio.
Es ceguera pensar que los cerrojos son atadura abisal.
Ante la duda cuaja el músculo la contundencia de la hora.

Mi verdugo vomita en los laberintos de la nada.
Su placer no lapida los castigos
que la moral desliza bajo mis mandíbulas.
Soy acreedor de las caricias a los metales.
Una hoz me despereza
después de los sudores y el interior
de la espita de gas.

                             19-febrero-2015