miércoles, 30 de diciembre de 2015

Así fue como tan solo a un metro
escaso de su cabellera
pensó que escuchar la distancia
era mejor que oír una mentira.

Hizo algo más de sitio a la verdad.
Tendría espacio suficiente
donde horadar
por el resto de sus días.

Ahora ya no le inquieta
que sus pasos carezcan de silencio.

                         30-diciembre-2015

lunes, 28 de diciembre de 2015

Quise ver las posturas de la muerte
en los dietarios y en los álbumes de la familia,
pero una reacia oscuridad
me hizo vagabundear entre los escombros,
entre los cauces herrumbrosos;
con tanto afán se avalanzó sobre mí
la decadencia de puentes y
sepulcros que muy pronto perdí el rumbo
de un silencio inocente
que antes solo había hallado en la
     vagina
de una mujer.

                             28-diciembre-2015

domingo, 27 de diciembre de 2015

Si mi cuerpo cae
que sea en un
lugar sencillo
y que la lluvia no
     tenga
el impedimento de
ninguna mortaja.

No quiero ser forma
a menos que la herida
se abra al equilibrio
y la distancia.

               27-diciembre-2015

sábado, 26 de diciembre de 2015

¡Qué lenta está hoy la noche!
Me ocultaré en su pubis.
Dejaré que me abrigue con el
   vello de la edad no finita.

Hubo un tiempo en que fuí niño
y me dejaba arrastrar por tus manos.

                       26-diciembre -2015

viernes, 25 de diciembre de 2015

Al abrir tu pecho el mar se sumerge en mis ojos.
Inhalo entonces la sístole y la diástole de la cópula.

                              26-diciembre-2015

jueves, 24 de diciembre de 2015

Una vez más paseo la lengua por el filo de la noche.
Los muslos de mi amante siempre cuentan nuevas
     historias.
Algún día seré capaz de decapitar el aliento de su sexo.

                                     25-diciembre -2015

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Soy un preludio sin sombra que calló su ausencia.
No poseo tierras para habituar el trance.
Quizás me aleccione el olvido a perder rincones en sus días
u obedezca el silencio de un enigma
que escarbe desatado en su oscuridad.

Igual me he realizado torbellino, sin límite de espanto;
pues tampoco me amarga sustancia alguna,
ni me agita el temblor que me interpreta.
Me enciende, sin embargo, el naufragio de lo abstracto.
Caminar sobre el eco la ebriedad del abismo,
hipnotizándome en sus murallas voluptuosas.
Admitir el vértigo del puente en las pupilas,
regateando en los escombros del socorro,
o vaciar a la ventisca tras su reflejo infinito.

De inmediato espantaré la fiebre del desastre
y tal vez aúlle sobre el azar
silente de la luz, injertado en cabelleras.

A nadie ocultaré jamás el laberinto.

                             23-diciembre-2015

martes, 22 de diciembre de 2015

Mi lamento posee las
infinitas variables de
  la Luz.
De ahí, solo de ahí,
que pueda distinguir
las cenizas en la sombra.

             22-diciembre-2015
El nombre irrevocable hace cumbre
ante el soliloquio de la piedra.

Mañana vagaré entre tus muslos,
pues a pesar de todo, soy rehén
de los relojes cincelados
cuando despojas al grito del enigma.

                   22-diciembre-2015
     DESECHO NÚMERO 3269

Es cautivador que los rebaños
liberen los augurios de todas las
     palomas
en el mismo archipiélago.

Ése cuyas legañas cuelgan de los
     corazones,
y deja escapar desatadas verdades
por los esfínteres que jamás
se cansan de arrastrar las máscaras.

Hoy hace un día fabuloso para
decapitar los esqueletos del sueño;
un día en que las pesadillas
crujen excesivas bajo las dolencias
de los árboles desnudos.

Nada sucede más inútil
que un golpe mal pronunciado
aquí, en la recóndita amargura
de unas alas que extenúan la
ansiosa fatiga
y el fraude en plenitud
de relámpagos y vulvas entre los
mediocres astros
que atraviesan el humor tierno del
aullido.

                            22-diciembre-2015

domingo, 20 de diciembre de 2015

Aquel pequeño sendero
que tan largo
se nos hacía de niños
me previene ahora de la
     muerte,
tan cercana.

                 21-diciembre-2015
Me plagiaron el día.
Es otro quien
fue yo.

       21-diciembre-2015

sábado, 19 de diciembre de 2015

Mi cuerpo es un vagabundo de cristales rotos.
  La madrugada pisotea sus
orillas una y otra vez.
Mañana seré nadie.

                19-diciembre-2015

viernes, 18 de diciembre de 2015

Nunca sabrás si es para siempre
la ebriedad
que se deposita en la conciencia.

                   18-diciembre-2015
En tus ojos
     la herida
contiene residuos de sombra.

                  18-diciembre-2015
Miras el leve polvo que fluye...

A su pesar las escamas de la
     luz
rozan ese vestigio
que todavía te arde en las manos.

                   18-diciembre-2015
Aquí, en esta matemática del
     ritmo,
es preciso dar un
     tajo
al silencio
                   y callar.

            18-diciembre-2015
Huyes.
No digas a donde.
No digas hacia donde.

Aquí, en esta luz,
  los canteros
no cesan de interrogar
  la piedra.

                18-diciembre-2015

jueves, 17 de diciembre de 2015

Desperté junto al silencio
mientras me murmuraba
que seguía en deuda
la primera luz del día.

No habrá otro momento pensé.
Arrástrate ahora hasta la
     ventana
y desaparece.

                     18-diciembre-2015
Habitas una habitación de silencio.
No tiene puertas ni ventanas.
¿De dónde proviene entonces su
     luz?
¿De dónde?

                      30-noviembre-2015
Muy raras veces mi soledad pide a gritos un vaso de agua.

                                    1-diciembre-2015
En los vagones del silencio solo se empañan los cristales insomnes.

                                      2-diciembre-2015
A veces me golpea tan fuerte la
intransigencia del tiempo
que siento un placer
muy próximo al dolor.

                29-noviembre-2015
¿Qué ventana abrir ahora?
Las estaciones siguen
siendo cuatro
pero ya no hay
niños jugando
en el jardín.
Y el columpio
cubierto de moho
todavía aguarda
que den las cinco
de la tarde.

               7-diciembre-2015
Avanzo hacia la piedra.
En mis labios
  vienen a beber
los soldados muertos
  en la batalla.

          16-diciembre-2015

viernes, 11 de diciembre de 2015

Ausculto la sombra que es un camino de labios
     entreabiertos
en esta tarde que se enfría como un orgasmo
     consternado.
El camino está siempre abierto. Como un
     orificio
en la ausencia de la palabra, como un
     pulso trepidante
que urge buscar incertidumbre.

Cada respiración contradice por qué el gesto
sigue siendo el mejor guarda de la piedra.
Pero nada es inobjetable hoy
salvo la dubitativa forma de mis uñas.
Creo que la decadencia se mantiene vigorosa,
no necesita el afecto de la tragedia.
Como la conciencia comparte la lentitud de los cadáveres.

Hay algo que debiera resolver. Pero la cobardía
descubre su transición umbilical, el saberse un
     colgajo más,
un motivo de la demora en la incapacidad de disciplina.
Aún así puedo ver arder la cópula de la muerte
en tus ojos y es hermoso, tanto como una enumeración
      de los ecos.

Me reclinaré indiferente sobre la pizarra del silencio.
Pronto empezarán a enloquecer los relojes.

A veces me desquicia mi subnormalidad. No saber
continuar lo suntuoso de este vientre
que como un transeúnte ulcerado por la usura
trocea el salitre feroz del hambre
todavía a sabiendas de las asimetrías en los espejos.

Soy escéptico a la sonoridad de las cicatrices. Aunque
     jamás podré dormir.
Las cavidades incitan la decapitación del humo.
Grumos violentos atoran el fluir de hiatos y las
     brasas carecen de voluntad
en el embarcadero donde se bifurcan las esferas.

Hubiera sido mejor proyectarse acuciado por alguna
     inminencia o por alguna perplejidad.
Pero yo siempre vuelvo al agua ambigua; a los
     axiomas que sepan reparar el juguete roto.

Y no desatiendo mi fracaso. Es más. Le otorgo demasiado.
Jamás seré cruel con su textura virgen.

                             11-diciembre-2015

jueves, 10 de diciembre de 2015

Libre de ambición
salió a la calle
y todos cerraban las
     puertas
a su paso.

           11-diciembre-2015
A la espiral de mi estigma
te has imbricado, tiempo, como la escama
frágil a la espuma,
como el beso desértico a su oquedad
de escarcha y de prodigio.

Yo anhelé persuadir
con tu ayuda los aromas de las piedras.

Para así envolvernos con perspicacia
de luz, seguir moldeando
de laberinto a laberinto una recóndita corriente;
tan laborioso saquearnos
con el golpe de un juego que nos funde
las geometrías del cuerpo.

Únicamente de esa manera el reloj
ignora su apuesta,
cuando te ajusto, feroz,
en tu arrebato de bitácora,
entregado por completo a tu intransigencia,
al molde de apeaderos erigido
con la perla del destino.

                             10-diciembre-2015

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Desde aquí el asedio es una llanura inmensa.
Un día vendrá que sea permitido escarbar en las calles.
Mientras tanto habrá que hacer amaños en la
     sed y no consentir que fermente
ningún mal guía en la trampa.
Hoy iré feroz a buscar agua como antaño,
cuando era una aventura de chiquillo
enfrentarse a las avispas y a los perros
que campaban libremente por el barrio.
Llevaré mi cubo como un nido muy frágil,
como un remedio que dé respuesta por todos los
     engaños.
Quizás haya otros peligros ahora que soy hombre,
pero les limpiaré los labios
igual que si fuese el mismo enfermo
que era entonces,
y que posee la certeza de no sanar jamás.

                                9-diciembre-2015
     El sediento es un fecundador de la luz,
un agudo andamiaje, un lascivo susurro, un demente
que desearía ensamblar la realidad,
el aroma de la verdad que en la herida se oculta.
     El amigo de los enigmas está preparado
para su consejo de dolor.
Y el timbre del roce lo ciñe
a tientas: un viento sucumbe.

                             9-diciembre-2015 

lunes, 7 de diciembre de 2015

La herida ya es un grito en torno a un centro indefinido.
No es posible la sutura.

Dejadme abrir la ventana.
Dejad que entren los cuervos.

                 8-diciembre -2015
Ahora que no me atrevo a cerrar los ojos con la tranquilidad de antaño
quizás haya llegado el momento de dar un paseo por el cenotafio
para celebrar ese aquelarre de las raíces que transgreden su
     propio ámbito.
Abrazar la captura de la simbiosis sin esquivas excusas.
Enrocar el cuerpo aún a riesgo de apresurar su erosión.
Dejarse conducir de nuevo a los subterráneos de la mano de quien
     sabes que no frenará tu caída
y fijará el primer llanto en los vitrales del misterio.

                                           7-diciembre-2015
Correspondes a trivialidades en relámpagos
que aniquilan las distancias del camino.
Tu boca es sublime como un golpe.
Deslizas la blasfemia en los témpanos de la
     impostura
y, sin embargo, las puertas desafían abiertamente
la cólera de abismos y ebrios timones.

                     7-diciembre-2015
Hay añicos de tus ojos en los cristales lúcidos;
en las sábanas amargas réditos de un sudor
apresurado y de un humo indolente como el
          arañazo.

                           6-diciembre-2015
Mira bien que no oscile demasiado el puente,
que bramen las gaviotas en los acantilados de
     la isla
y que los barcos puedan levantar mínimamente
     su afilada zozobra.

                         5-diciembre-2015
No apresures la euforia que convoca la danza.
El viento solicita intervalos de ron. Después
deberás pasar aguerrido entre los escombros
          de ti mismo.

                     4-diciembre-2015

sábado, 5 de diciembre de 2015

La noche diluye mi nombre en la placenta del ansia.

                                5-diciembre-2015

viernes, 4 de diciembre de 2015

Nadie me previno contra la oscuridad y aún así hubiera deseado que no me devolvieran a la luz.

                                         5-diciembre-2015
Amabas para extraer la raíz,
para tocarla, para tenerla entre las manos,
puesto que ninguna otra cosa
era mejor trinchera,
ni el sueño ni la narcosis,
ni la sombra ni el olor de la memoria,
y a pesar de todo fuiste experto
en frustraciones,
en aliviar demoras,
mientras acusabas que se apelmazase la cotidianidad infecta.

                         4-diciembre-2015

                 
En mis manos divaga el préstamo que me dió la vida. Mis manos ya no son mis manos.

                             3-diciembre-2015

jueves, 3 de diciembre de 2015

La espina de los vientres de invierno
se ha encasquillado en el bisel del abismo.
Llegan de la voz un coro y un nido,
llega de la voz la rama fracturada;
así la pared del pulso nos anuncia
la sombra de los puentes del desdén,
cuando resuena de la tormenta el gesto irrumpiendo,
índigo de cipreses, ascender de orcinas,
las sierpes de plata recortándose,
los dolores muertos de la crisálida,
el deseo de ángulo que condena
en celdas de hiel las noches.
Es así nuestra región: un intercambio,
un yacimiento de sogas enlutadas.
El enigma del péndulo de la llama,
la virtud de la boca de lobo.
Del límite del oxígeno, en espiral,
despierta el fluir de desahucios y extraños ecos.

                        3-diciembre-2015

martes, 1 de diciembre de 2015

     Tímpanos de la piedra,
hay una mujer desnuda que canta
donde el dolor agota al silencio.

     Epílogo de la boca,
alguien crecerá sorprendido aún
por la osadía del sarmiento.

     Mientras exista cautela en las huellas de las venas,
y el ázimo cabello arrastre la raíz hendida,
revelará el vientre
la física lentitud del nudo,
el hambre exacta,
la musculatura vertical
y el sexo bruñido.

     Pues la ventisca describe las acusaciones
no aceptar el óxido en la lengua
supone ingresar a la desaparición.

                           1-diciembre-2015
Lame la sombra donde se despliega la gravedad;
ignora que sed consume los vestigios.
Bajo el árbol, con la boina calada, lía un
cigarro tras otro. Apenas muestra los dientes al
mediodía salvo para escupir las cortezas
de silencio que envuelven su regreso tras la
     guerra.

Ha perdido la capacidad de comprender. Jamás
habla si no es la vergüenza lo suficientemente
espesa. Ante el mundo lleva colgadas del pecho
unas cuantas palabras rotas y en los bolsillos,
doblados, los rostros de su primer amor y el último.

Tiene frío después de veinte años sin compañía.
Una inmensa helada, el olor duro del
vacío, y restos de plomo que siempre a las
mismas horas le arden en las piernas.

Él fue uno de los muchos que dispararon al
corazón del abismo, uno de los muchos que
tajaron los párpados de los puentes, un cual-
quiera a quien vigilaron las manos poderosas
     del crepúsculo.

Hoy es portador inquebrantable del armisticio.
Un hombre huído de la imposibilidad y de la
forma injusta de las tinieblas. El tejido secreto
que calcinó la oscuridad y ciertos narcóticos
encanecidos contra los pezones de la luna.

A través de la humedad lasciva de la ciudad
puede oir todavía la sierpe, cómo penden los
hilos de la luz suicida, y la orina que ocultan
los cuchillos en las sillas insomnes.

                               1-diciembre-2015

viernes, 27 de noviembre de 2015

Mejor sería hablar del anzuelo propenso a la usura
aunque la habitación en Roma tenga las ventanas
insomnes, todavía hoy, que ya no chapoteo sobre las
piedras para intentar conciliar el sueño.

Pero la memoria a veces es el cuchillo de la tristeza
y las escaleras no siempre son un buen cepo para la
     creciente escasez de los inviernos.
                                                                   Incluso la levedad
del humo comprende la lentitud de algunos recovecos
donde rotaron los ángulos y los labios fueron una
sencilla cápsula de la fatiga.
                                                  Hoy debo volver
a tragar el rubor imberbe, hacer las maletas en las que
despunta la fimosis del porvenir, incluir
muestrarios in extremis en los embustes de la razón,
y tomar el privilegiado músculo de la llama antes que
     anochezca.

Seré un guardaespaldas arbitrario, alevoso como los
motivos de la náusea, crudo como el aguardiente
bajo la amenaza tartamuda, silente como ese pez
que cabalga en tu vientre a lomos del virus de todas las
     violencias.

Repudio las astillas, los más elementales abrazos de la
     putrefacción,
esos vestigios de visionario que inculcó la malicia
en las carteras olvidadas en las cabinas de teléfono.

Aún creyéndome el mejor prestidigitador no voy a
rescindir las bocanadas que dí sobre aquellas medias
que abandonaste en el cauce de la cama cuando el
deseo no había alcanzado la inercia de la ebullición
y el lunes era un fumadero de emboscadas donde los
menos valientes extendieron la agreste fragancia del
     pillaje y de la cicuta.

                                   27-noviembre-2015

jueves, 26 de noviembre de 2015

Cuando la piel suplica ¡basta ya!
todavía resta la esperanza de los
pinceles embadurnando con ceniza
aquellas señales que limpien el
cuerpo, todas sus cavidades, del
     vértigo continuo.

Y aunque escuezan las redes, un viento
interior sopla bajo el árbol que cobija
a los relojes de la pereza de los enigmas
y la húmeda tristeza de los espejos rotos.

No fue el color quien penetró primero;
fueron las edades verdaderas de las huellas,
fueron los escozores de las raíces solitarias,
fue aquella estirpe que partió en dos las
     arrugas de la distancia
y el hallazgo de los alquímicos aquelarres
y el saberse de una vez por todas
náufragos en el negro sobre blanco.

Ahora toca descender el río y no dudar
ante la sospecha de piedras en la boca.

En el estómago esa devoción por ver crujir
a los pies del mediodía la hojarasca de la infancia.

                              26-noviembre-2015

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Tus labios, golpeados por el primer rubor,
cicatrizan a causa de un sordo aunque ya febril deseo,
y esparcen luego sobre mí la impaciente cirugía del viaje.
Es sencillo. Nada se disloca en el caleidoscopio
que oscurezca el tatuaje de luz
que susurra a ras del aliento, sobre el que se arrastra la piel
con el ansia de un mordisco lascivo.
Ciertas heridas se aferran a las raíces
que amputan el grito del eclipse
durante una batalla entre brasas ebrias con llamas
     fracturadas.
Cierto viento huérfano ligeramente materno,
como una escotilla escarbada sobre los ojos,
se impone a los laberintos vírgenes.
Y ahí acaba todo... Aunque ¿quién aseguraría
que no estamos ante abismos, sino ante grietas,
y no solo ante nervaduras, sino ante el camino?

                                25-noviembre-2015
Toqué el clítoris de la piedra con un
     ligero movimiento circular del alma.
Así fue como aprendí a engastar la
     amenaza de las cosas.
Así fue como supe que era huérfano de las
     ingles del paisaje.
Solo tenía que dar de comer al gato y
     tender la colada.
Dos días, un fin de semana que tuvo el
sabor de un científico en un paisaje desierto.
Averigüé de que manera se agazapaba la
luz mientras sostenía tus bragas de
encaje negro en el archipiélago del tiempo;
cómo la voz de la ausencia percutía en el
deseo de la obscenidad, en los
testimonios adúlteros de los muebles, en el
pulso paranoico de la voluntad.
Hice un pequeño fuego en la chimenea
cuando la urgencia de la espina dorsal
precipitó el misterio del grito sobre la cama.
La báscula de tu llama estaba por todas partes.
Era una novedad para la conciencia
abandonarse al profundo olor de tu nombre.

                            25-noviembre-2015

martes, 24 de noviembre de 2015

Y de nuevo avanzas, el camino en letargo,
en la envoltura de ambigüedad.

Las crisálidas refractan luz
al centro de tu origen, en los hechizos

tan indolentes de ley, en el ansia.
Hubo un tiempo que oíste en el abismo

tajar a ciegas sombras, tristeza
de un terror en el hielo, próximo a los signos

del humo en umbrales sobre el arco ajeno.
Había hierbas sonámbulas

en medio de la ceniza de invierno,
alimañas heridas en orillas

que arrastraban a los huéspedes
de ritual infortunio, ritual profecía oracular

de la aniquilación y el engaño, hasta el vórtice.
El vestigio se enervaba bajo la huella,

y la raíz, y el crimen náufrago.
Ya ante la meta, devorado

por la ambigüedad hirsuta, aullaste
a las máscaras de la llama en la arena

tras la noche cautiva. Un haz
golpeaba en el zenit. Engúllelo, ambigüedad,

desde tus hechuras, en tu inscripción
de infamia y de oprobio,

y vuelva el centro de tu silencio a tener
un camino en letargo junto a la muda meta.

Hechuras cenicientas, devolvedle
la calma del invierno a la envoltura de ambigüedad.

                               24-noviembre-2015

lunes, 23 de noviembre de 2015

Vengo de las horas que van y vienen en las paredes,
en los árboles, en las presas del regadío,
en la desarmada tristeza de las frutas que
una vez maduras alimentan las líneas del horizonte.
Vengo de la soledad entre los hormigueros, de esperar
pacientemente las manos y la fragancia del sol;
vengo de la lluvia y del rostro de los caracoles,
de la sequedad paupérrima del silencio,
de los mudos e intensos cortejos del fuego,
de la noche velada en las franjas de la calima,
y del asco extraño que avisa la rotura del círculo.
Vengo de quienes disipaban la verdad
dando lentos sorbos a una botella de cerveza,
de quienes liaban cigarrillos con el escabeche
del trabajo entre los dedos; de la mierda de los
gallineros y de la mierda del pozo negro.
Vengo de quienes contuvieron el prestigio en las
manos callosas y labraron sus campos a tres mil
kilómetros de distancia y edificaron sus vidas con un
océano por medio  y fueron los indigentes de las
dificultades y del velo en los pactos con la usura.

Sí, yo conocí la aritmética de la tierra y de la miñoca.

                             23-noviembre-2015

viernes, 20 de noviembre de 2015

Se podría pensar que habito en estos refugios,
se podría pensar que en ocasiones los domino desde la evidente
                                                                            [forma hasta el ángulo
     del amplio aliento barroco
como a cuerpo de piedra,
como a antigüedad abrupta erosionada a mi albedrío por la
                                                                                   [espiral del vértigo
     y el tiempo de la luz.
Se podría pensar que son las puertas para mi silencio.
Se podría pensar que cincelan su aire en desafío contra las sombras,
que tajan sus muros para abrir mi cicatriz y mi herida,
que ofrecen las infinitas estancias como celdas del ansia
     íntima,
que inyectan uno tras otro estos sacros venenos para relanzar mi
     aliento.
¡Extraño espectáculo el que convocamos en origen mis huellas y yo!
Quizás verbalizan como pliegues hendidos
por esta ciudad de esqueleto en extravío donde derroto sin armonía,
vórtice hacia la nada,
envejeciendo con el temblor congestionado que me invade y no
                                                                                       [consigo expulsar.
Quizás así,
me sostengo como un vestigio en esta cautiva incertidumbre,
como un aliento a traspiés por estos aromas de los que no hablo su idioma.
Me desgarran sin pudor de fuera hacia dentro
estas hediondas pezuñas que me injerta el jadeo.
Me funden con tripas de fuego,
me asfixian entre herrumbres de abismo como a un espectro,
me hilvanan en desnudas superficies y en oscuros clavos que exudan
     como los amargos paseantes de la violencia,
me engrudan en contraseñas,
me reducen con ácidos y con bucles hasta la incógnita,
me fuerzan a bullir en el reloj de este nítrico ritual,
me vulneran como brida desobediente en la intemperie de todas las resacas
hasta la perversa miseria y el infierno sepultado,
siempre al acecho,
siempre a nada de ovillarme a traición contra el azar del
     inasible acorde.

                                         20-noviembre-2015

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Abrí el vaso de agua por la
página ciento cincuenta y tres.
En el segundo párrafo,
después de un punto y coma,
se escondía un niño dema-
crado,
sediento.

Me miró,
pestañeó,
y balbució un
     casi imperceptible
¿por qué?

                          18-noviembre-2015

martes, 17 de noviembre de 2015

Si lo acompaña caries el suicidio nunca avisa.
Y sin la fatiga de las dentelladas agudas,
esas que pudren por anticipado las ruinas,
jamás un pacto fingido
derramará ignorancia sobre la
gramática de los pájaros.

                                            Así rompe treguas
el reflejo en la misma cara de las lluvias:
una repetición o desmesurado silencio
soberano al abrigo de los campos de nostalgia.

                                Vuelve la violencia de los parias
a suplantar la angustia
que en las amapolas mancha
con piruetas la sombra narcótica, el patrón
de los cuchillos en las teclas de vísceras
y de subterráneos donde el dolor
posee un extraño amargo, la impostura
absorta en la rompiente, y el cálido
ensimismamiento de la cópula.

                                                        Fue la voluntad de
dios el continuismo de la grieta, el aborto
en las voces heladas; esa certibumbre
que no libera las cicatrices aún cuando el
regreso le abra todas las puertas a la piedra.

                                  17-noviembre-2015

lunes, 16 de noviembre de 2015

Es como un ácido silente que degradase espejos de bondad
cuando en la sombra ecos de tóxicos, de miserias y peste
hienden a la razón con pólvora de dioses encapsulada  de metralla, de
     símbolos y de banderas
cuando aullidos y tajos de suicidas y de masoquistas atraviesan de
     cinismos
la nobleza de las almas, la potencia de lo vivo.
Así en la superficie, en ejes ubicuos un órdago vil
rompe dermis, horada música de gritos y cultura de crueldad.
De inmediato e inútilmente se subleva la sinrazón.

                                   16-noviembre-2015

viernes, 13 de noviembre de 2015

Tus epifanías en el viento: luces desgarradas
por el surtidor de imágenes, que mis caminos expían.
Te mezco hoy como quehacer. Es importante que la condena
aparezca ante la llama, y limpie la ceniza, y custodie.

Mi venero en el lacre: ¿por qué tus pliegues
no transparentan huellas de aire en las espirales que nos hienden?
Hay escaleras en tus relojes, y deshoras en tus insomnios,
y erótica de dátiles en tus fulgores perpetuos.

Grito con la cabellera embriagada, y el abismo no me atraviesa.
Anima mundi solo en tu raza, sol de aullido y delirio.
Ambigüedad para el hombre que te emigra en el enigma y suspende
en el zenit del vestigio los ecos diáfanos.

Labor núbil en mis entrañas: descalzo arenas al quizás
y los vaivenes de voluntad te navegan y te arrastran.
Arde en mi vehemencia, tránsito, y páusate en las raíces
pues sé habitar de tus puentes aún el inconcluso.

No apaciguamos intimidad de los residuos para que las promesas
                                                                                                      violentas
se ayuden en el precedente continuado. Y los enconos
de nuestra exigencia desgraciada resuelven vencer el
                                                                             ingenio. Son
las cosechas que constriñen los avaros. Son aflicciones.

Tus cuervos combaten por extraños lienzos. ¡Caiga la cal de la lluvia!
Luego las mieles salvajes, el ansia jamás respira,
y debes ser súbita por ti, y debes ser súbita por mí,
hasta crepitar, pura, en la inmensidad.

Te tajo con las encrucijadas que la lujuria del rayo desata.
Intrépida, destrenzas los genitales de la sombra y del reflejo,
aunque no te conjuro ascendiendo la edad de la simiente.
Te conjuro ingrávida, fusionada al impar.

No insistiendo en la sequía, en el jeroglífico, ni compasiva
a los humos que pulen nuestra seminal génesis.
Te conjuro sin verbos y sin horizonte, y desnuda, y lúbrica,
fiera vibrante que se multiplica preñada en claridades.

                                  13-noviembre-2015

jueves, 12 de noviembre de 2015

Nuestras semillas en las sábanas eran ya
las viudas del futuro. Una estravagante
medianoche de eunucos que adobaron los
desahucios de la mirada, el aroma de los
patios disipándose, aquellas mentiras
abortadas en la fe unilateral, y los golpes
renuentes que declinan oir la tos de la sangre
en los distritos que el tuétano hace participes
a favor del agusanado verbo de los relojes.

Mientras, drena óseas magulladuras
la lengua que en los ataúdes acosa la
lógica nítrica, los cimientos crepúsculo
de una ceniza tan febril como el grosor
del semen en los anaqueles glandulares.

Se acercan prósperos cánceres. Escupen y
amamantan las espinas de la luz. Se
derraman en oleosas breas. Son un cedazo
que agita los límites, las lágrimas que no
absorbe el perineo, esa esquelética galerna
ermitaña en los talones de la inocencia.

Nuestros secretos caen en cierto sopor arbóreo
que se desvanece bajo el embrujo de los astros
onanistas. Trepan el suelo, rompen la arruga
hasta rodear esa génesis templada que tan bien
oxida la concha de los vientos y el grave diorama.

Cansa contemplar la veleidad seca del hambriento.

La ostentación remienda las calles en la figura
de varios tullidos que todas las tardes duplican
el iceberg de sus tetrabiks, la espita que ruge antes
de rascar con las trenzas una hebilla tartamuda
sucia de cianuro y los harapos oxímoron del este.

Es mudo el magisterio de la horca, impalpable
como las sintéticas ampollas del asfalto, zurdo
como el pedernal amante de los gatos, informe
porque fuera de la jaula solo quedan dos o tres
cuya dirección fue un contagio programado y su
círculo un tropiezo de las vanidades antisépticas.

                              12-noviembre-2015

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Paralelo a la continuidad de una verde pupila
rueda disgregándose un antiguo túnel
que desconoce todavía la boca de los sudores y
de las escolopendras.
                                      Intemporales augurios
triunfan transcurriendo hasta completar
el alarido maléfico, los labios malditos y las
ruinas oyentes del oráculo.
                                                 Es un obsidiano
orden cautivo del éxtasis. Son las astillas
que elucubran abrirse en la levedad curva
como una fulguración de la sangre dentro de los
ojos.
       Así traga orificios la metamorfosis
que dislocando la forma
                                            empuja los intestinos de la
evidencia más allá de esa peste colérica que atenaza
    a la víbora.
                       Hoy reverbera la piedra. El
caminante gesticula ante la abundancia de pilares.
Corresponde al silencio arrancar las malas
     hierbas del mediodía.
                                            Quien respira el espanto
ahuyenta la sombra apresurando catástrofes,
criptogramas cóncavos y el desliz sin pausa
     contra la palabra.
Hay un hervor de arterias que semeja esa quemazón de la
     raíz
en los márgenes tan lentos del relámpago
como soldaduras en la centrífuga demencia del
     paisaje.
¿De quién es la orden que arde en el hueso?
Si aún palpitan los enjambres, ¿en qué
     colmenas madurarán las abejas sus habilidades?
Júbilo y locura era la respuesta, el movimiento
     proporcional a la substancia,
ese golpe que impide el baño en los pliegues
     austeros del archipiélago.
                                                   La potencia
suntuosa que refulge entre las lianas de
los vientres impulsa la danza insaciable,
el nudo grande que se eterniza en los
     pulmones de dos sexos erizados
ante la química y la estela del espejo.
                                                                   Saldrá
la sal de su bautismo de espuma a merodear
en los pezones de la montaña.
                                                      Hará una felación
a la luz que irrigue las laderas del embuste.
Siempre que retenga algún espasmo la luna el
     detritus ciego entre mareas contiguas
devendrá por las comisuras del luto y una
     niña girará la hermosura de su sexo virgen
para la plena expectación de las amapolas.

     Aquí, ahora, afirmo ser un expatriado.
Mi metáfora solo existe en el caleidoscopio de mis
     calcañares.

Cualquier orden en el poema es una
     impostura del fracaso; una antibiótica
falta de respeto a la sintaxis del alma.

Ebrios vampiros en cuyo recogimiento germina la
     noche, haced vuestros los ministerios,
la estirpe lacustre de los meridianos. Entrad
     a los cines y alojaros antes que los funerales de las
máscaras. Romped uno a uno los aguijones que el
     deseo reduce en las sencillas vaginas de las
prostitutas.
                    Atacad a los efebos que exanguinan sus alas
en el ano de los estuarios.
No siempre el héroe es una factoría. Hay vidas
     que sucumben a los venenos desusados,
ropas que proclaman el alcohol antes que los
     puñales claustro de la cópula.
Una exhortación será suficiente para las
     larvas que horadan el insomnio del humo.

Aquí es donde defeca quien anida en las mortajas.
Su nombre es el de un vestigio hastiado en cuyos
     subterráneos el haz de la desdicha llora magnicidios
por los furtivos parásitos batidos contra el ansia.

                               11-noviembre-2015

martes, 10 de noviembre de 2015

Por un cuerpo de madejas ciegas y faros húmedos,
como por una figura guardiana
de nieblas y visillos,
un oleaje de rostros cenicientos y huellas te desdice
al fin de la sombra,
una tormenta de potentes espectros en los labios,
un signo de llaves líquidas
guardado en la memoria.

                                             Es un tránsito límite
el que arde sus últimas texturas,
un tiempo de cirros helados y espejos opacos,
cuando se agita el sol
a través de una indigente reliquia,
un ebrio séquito que quiebra viejas tumbas,
y horas fungibles donde desvanece su aflicción
el primer mendigo,

                                  y, tendido, en un celaje
de tibias flautas y extintas gárgolas,
como un guarismo que ejerce
en su restante poquedad, con más terror al volumen
caligrafiado de continuos perímetros que al epílogo
que gobierna tu invisible territorio,

                                                               te construyes un alambique
silente, una frontera inaudita
de anémonas abisales, relojes amenazantes
y negras techumbres.

                                       Pero igual que la amarga esclusa
del relámpago taja su sexo clandestino
ante la vulva de Orión, tú amputas tu gris origen
entre amapolas invasoras y raíces urbanas, anegas
un humo de orillas invertebradas, te revelas al haz
del prodigio como unas fauces abolidas
de torres y tréboles.

                                   Aunque el peplo no tiene canon,
míralo, las ojivas señalan su grímpola
en los senos de todos los esquifes que en el exilio
han fermentado -un tacto de piel sumisa
y escamas nacaradas, un inmenso
solsticio-,
   
                y, después de que el mito se doblegue
a esa abrasión que extrema el litoral
de los puros delirios, pérgola esquiva
de su sustancia de espumas, un carruaje
que invierte el secreto de los nudos infernales,
furtivo anzuelo,

                            en todos los rincones, roto el culto,
tú te prenderás al triángulo
de todos los sedientos párpados.

                                           10-noviembre-2015

lunes, 9 de noviembre de 2015

Busco esa silueta de la palabra sucesiva
que rasgue en su plenitud la esfera,
abriendo nuevos cauces,
habilitando nuevas arterias,
hasta pasear sin descanso sombras
concesión, preludio y estancia de la nada.

Unas brasas busco que respondan
en el agua furtiva
qué segundo de ingravidez
adormecerá el puente seminal,
intangible al cobijo
de ese pulso que acerca
irremediablemente la roca viva
antes de accionar el
barro tenaz de la materia.

Busco esos reflejos de una estirpe
que una vez mojada la ventisca
duelen el brote de puro asombro
mientras bifurcan un coro de infinitos
en las caracolas de la pena desvalida.

No son suficientes las heridas en las sienes.
El caudal de hambre escuálida
se abre paso entre los andrajos
y la basura es la voz arrancada a los muros.

En el susurro busco el ramaje increado,
el silencio decidido de las espigas,
los campos y los abismos que equilibren
huellas y vértigos, promesas y atalayas.

Acude un insomnio generoso a lamer la fatiga,
viene cayendo como una pirueta pálida,
como la espiral sembrada de infancia.
Nácar embadurnado de anhelo
anudando el trenzado de las entrañas.

Sufre la pirámide el reflejo de la raza,
haber compartido naufragios en la monótona
musculatura de la tierra. Pues conserva
las impurezas modela el titilar distante
en las pupilas, ese anclaje prefijado
en que la brújula es una deshecha
llamarada y coro de intermedios;
tránsito que distrae los márgenes tan
azules e ignora el cosmos anticipado
que disminuye rescoldos y yergue distancias.

                           9-marzo-2000

viernes, 6 de noviembre de 2015

                                   PEQUEÑA OBRA MAESTRA

No es nada,
excepto un testamento
que liberan las malas conciencias
en algunos travesaños sumarios del subsuelo.
Por eso puede que sea tarde para algunos:
aquellos que no pasearon lo suficiente las
playas en invierno,
aquellos que a pesar de ir siempre descalzos
caminaron con la osadía de una estrategia mal afinada,
aquellos que hicieron de la masacre
su propio entretenimiento,
y la guía por la que dejar discurrir
jadeos a través de las hendiduras de la tierra.

En algunos lugares los mapas
recuerdan un extraño paréntesis.

Tú ya ibas ebrio de vino barato
cuando la boca no había lanzado su primer bostezo.
Así eran los días un eco torpe,
las palmas desgarradas de un grito usurpado,
una colina cruel mojada por ánforas,
y la tostada piel del barro
moteándote sinuosas taquicardias.

He visto el tallo rígido de la muerte tantas veces
que ya no me asustan los hombres.

                             II

No es nada,
quizás un esquisto en los párpados marmóreos.
Aquella abertura en tu vestido
que dejaba ver el cedro iletrado de la espalda
cuando la noche no era quien de sostenerme
y en tu mar se frotaban las columnas,
y las mandíbulas contenían el entrecejo del corazón.

En ocasiones al ruido le faltaba
esa leve incongruencia de tus talones,
las puntadas necesarias
para que te entraran en calor las manos.
Jamás rechazaste la luz;
esa fácil etiqueta para mis resacas
en el imperio de tu pecho,
sostenido por el dialecto balsámico
de aquel encaje tan blanco
como un grafiti perfumado en la antinomia del luto.
Fuí un buen depredador antes de atreverme
a cancelar tu saliva en mi boca.
En el papel de la habitación
todavía quedan restos de tu hojarasca vestal,
bellas filigranas de tu silencio
en la anaranjada neuralgia de las líneas.
Unas bragas que adoquinan mi idioma negro,
y las marchitas suturas de cicatrices y deshielos.

                          III

No es nada,
tan solo decadencia después de la ignominia.
Un interrogante que se desliza como sierpe
bajo las sábanas. El semen
con que enumerabas tus mentiras
en las cuencas tiznadas de óxido
ante rúbricas cuneiformes trituradas por
los intrincados cánones de las aureolas.
Hoy el remordimiento es una calavera
que sale de pesca todas las madrugadas
y ya no distingue falos o vulvas,
pues el salitre asienta segundo a segundo
el lugar que la crisálida cedió al frío.

No es nada.
Una ruptura a secas.
De facciones cuyo igualador crepitar
atestó el frenesí
y me recuesta sobre un hepatoma del espíritu.

Mi calmante es ahora la corona de espinas.

                                  6-noviembre-2015

jueves, 5 de noviembre de 2015

En alguna pausa del gran sueño infinito está la exactitud,
aquella que no suma,
y que afirma su verdad de piedra pura en el enigma de
     toda tu potencia.
Es solo un preludio indescifrable en voz del origen,
aunque posee la intensidad de la luz
y comienza un alrededor donde se aglutina a cada parte lo eterno.
Quizás ahora crepite con un hábito titubeante contra el iris
     de tu sombra,
quizás refulja como un sueño de oráculo abstracto por el trance
     del misterio,
quizás cada arrebato esté a punto de transparentarse en el ala fría de la
     misma voluntad
y edifiques su crepúsculo contra tu cielo como un vulgar prodigio.
Es solo un error,
una ilusión del instante entre las grietas de un armazón
     inerte,
incógnitas suspicaces que inquietan desde el envés cuando lo turba el
     silencio.
Esa exactitud no declina hacia ningún filo;
no repudia ninguna remota helada tras la aciaga embriaguez de la
     abundancia.
No tajes ahora como el que ante la duda de una cuestión abtrusa
errara el punto donde halló el centro y cambió por un
     símbolo no resuelto la clave.

                                                5-noviembre-2015

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Nada debe cruzarse aquí donde se deslía la urdimbre,
jamás en este camino de arterias aterradas y ardiente indiferencia
donde se diluye el humo de los gestos y no hay más que excrecciones
     de la dignidad:
hojarasca en el aliento de los muertos.
Aquí la piedra no tiene fisuras; aquí los muros son un objeto
     mudo.
No existe polvo que se parezca a nuestra substancia, tiempo de espera nuestro
     silencio.
No nos interesa el equilibrio del relámpago ni ansiamos atravesar en los
     párpados.
Ascendemos con la cicatriz a contrariar vientos, a herir asombros,
a constreñir relojes como manos a la espera del no absoluto.
Ascendemos a través de la lepra oscura, segundo a segundo,
cada cual con la hoz que alimenta y en el pecho como colgante a
     su embrión.
Entre letargo y éxtasis se tropiezan con un aullido los horizontes;
se engrudan sin orden como en un estertor del paisaje los
     enigmas;
inutilizamos una huella, un vestigio de añoranza, el tacto de la piel.
Este es el lugar de la infamia,
el lugar de donde nadie regresa, el lugar de la sombra en el espejo.

                                           4-octubre-2015(II)
Fue bregado en callejones.
Estaba viciado con brasas en medio de dos estíos disolutos,
casi un eclipse de feroz ebriedad tajando por la mitad la vulva
      de la noche.
Lo presagió a menudo la voz letal de la roca ante las
      ruinas.
Lo aullaron abatidas honduras palpando un ingenuo nunca,
pues jamás hay reposo para los muertos en las ácidas tonalidades
      de la desmemoria.
Lo gritó el niño que acostó un absurdo, perturbado trasvase
      una tarde.
Lo expusieron hora tras hora los anhelos repentinos en la tierra,
los viajes de lobreguez sobre los huesos, los muelles absortos, los
      murciélagos.
Y de súbito se impugnó el viento,
apuró en la crónica del cardumen las celdas viscosas, los propósitos
     opulentos,
las columnas que raramente alienadas hacinaban los
                                                                                [aneurismas infecciosos.
Un inmenso destello fracturó tu médula.
Era como el espectro de alguna íngrima fuerza, audaz,
     severa,
que penetró desde otro mundo calibrando al entrar los nexos contiguos
     de cada frontera.
Ahora miras agonizar ese cuerpo hierático.
Susurra desde las más lentas agujas de tu asfixia
     y de tu insomnio,
susurra quedamente estrangulando la inocencia.
Permanece sobre tu nombre y no existe enlosado alguno que te oculte,
ni hieratismo posible.

                                           4-noviembre-2015

martes, 3 de noviembre de 2015

Mi sangre no es del invierno ni del otoño, ni del verano o la primavera,
     únicamente,
sino solo cuando me engrilletan a los regresos que yo padezco con latentes
     oscuridades.
Aunque desde mi origen y a contracorriente
y en esos carruajes en que se anuncia el polvo del día y se
     susurra la grieta,
si me extirpan mi marca de fuego y me arrastran a claudicar sin el
     esbozo de mi sombra,
comprobarán que trasluzco a ese indivisible nudo de los enigmas
     volubles,
a ese diseño indispuesto que se hurta a un puente como a la ceniza del
     vacío
o que absorbe la imagen de aquello que refleja,
bien sea una espiral, bien sea un iceberg.
Basta que una fisura me desnude sin previo aviso de arriba abajo,
a espensas de un ahora, a espensas de un jamás, o alrededor, o
     nunca,
para que rasgue tiempo con una llama en los labios
     de mi noche.
Porque así es mi archipiélago: un acosador poseído por los relojes,
perforando temores, odios y cegueras a los vientos que gravitan
     entre sus nervaduras.
Yo tajo la metáfora, cada bulbo de formas liberándose, con
     mis propios cuchillos.
He plagiado equinoccios que detesto menos que mis células,
sonidos abrasivos como lapidaciones de infinito en un antídoto.
Y no es por anexionar infames cabellos de metrónomo tras déspotas
     amenazas.
Es por los enredos del elixir,
por nexos de epidemias y de ruinas todavía frente a un abismo, a un
     abismo inútil,
que me abro al contagio por hábitos tan infames como una llaga en la
     que siempre renazco,
que según se me ausculte soy un pozo sin légamo,
un rostro carcomiendo en un prodigio donde se enraiza recortada por el
     silencio mi quimera,
una impureza difuminada en la que se deshace una arena líquida que
     me transmuta en hilo,
casi en pérdida.
Y nunca obtengo la noción del arrebato; no consigo explosionar bajo
     mis humildes escamas.
¿Pero dónde se agarrará este insomnio aproximado
que saliva sin rezagarse hacia otras visiones, otras alucinosis y otras
     abstinencias?
¿Cuál podrá ser mi buhardilla en este escudriñarse, tras tanto desasosiego
     ulceroso
que segrega mucho más que los chancros, las ansiedades
     malignas y cualquier engranaje empírico?
Tal vez la palabra de la antigüedad tallada entre unas piedras,
la palabra que me erosiona desde el primer tatuaje hasta el último
     pliegue.

                                        3-noviembre-2015

viernes, 30 de octubre de 2015

Ese pájaro en particular sobrevivió a los insólitos mediodías.
Sale lentamente de sí mismo
para ocupar otros nidos que no son el suyo.
Es un hecho de la esquizofrenia
que debilita tanto mi pecho
como para tener que expirar
dentro del relámpago.

Su simetría coincide con el lucro
de mi esperma transitivo.
En mi silencio es un desolado paciente más;
ha tomado grandes dosis de ácido
y la glicerina toda de los cuchillos.

No iré a verle poseer el esqueleto de la masturbación.
No lloraré ante el semen que cuelga de su pico.

Me concentraré en ese dolor mutuo,
el mío y el de las amapolas,
para intentar comprender
por qué en la pelvis se expresan tan torpemente
las prohibiciones implicadas
en el asesinato de la dignidad.

                         30-octubre-2015
Lavaré todas tus muertes empezando por los pies
y los grillos serán un inusual preludio.

Acamparé ante tu vulva contrario a que nada en
particular delimite o alarme mi impotencia.

Serás de una vez por todas la
crisálida etérea de los triángulos,

el hazmerreir de las mortajas
y los decorados del ansia en posición fetal.

Lo que describa tu estática nada
negociará las estrategias en el légamo,

esas que todavía esculpen batallas
de las sábanas náufragas en la práctica del anhelo.

Veré incendios desintegrar el eco de tu voz
y a los gorriones consentir la voluntad del excremento.

¿Cómo podré salvarme yo
si no he conocido más luz que la tuya?

¿A quién acudiré cuando la saliva me cuelgue
después de la oscuridad y la anestésica ceguera?

                                 30-octubre-2015

jueves, 29 de octubre de 2015

De pronto nadie alrededor, y nada, nada más que sombras,
sombras en la casa, sobre todo en el cuerpo,
un anaquel de sombras, arreciando en veneno, y un vacío
hacia la luz, en alguna ventana, desplegándose. Las sombras
tienen la energía del divorcio de mi espiral, odiosas como un eclipse
de vientres en los zapatos, impregnadas
de un reflejo fiel o astuto que se licúa por mis colinas.
Yo no les grité esta derrota del equipaje, que sin ningún aviso
                                                                                    [ahuyentó el tren.
Ellas solas vuelven a anticiparse en el contorno de la tormenta,
                                                                   [aplastándose contra el infinito.

Por debajo de mis pies juegan las toxinas en profecías crónicas,
                                                                                                     [disyuntivas:
informes de narcosis opaca saqueando en unas arterias roídas.
Su ritmo es lo único que distrae, hurgando, golpeando.
Es poco probable que la nitidez vuelva a desquiciarse.
Las brasas entrevistas, duras, forman como si cobijaran oscuridad en
                                                                                                        [el núcleo.
Me acerco a un remolque con sombras tan hondas que semeja la
                                                                                         [memoria del abismo.
Con sus proyecciones tan bifurcadas y los polos de su herrumbre
                                                                    [planeando en un nimbo cadáver.
Se han gangrenado tanto de improviso que siempre vuelven los ojos;
                                                                                        [escarban en el éxtasis.
Un movimiento más, y adiós al remolque y a las sombras.

La verdad que alimenta la lámpara ahora es la nitidez.
Pero brotando entre las piedras, un preludio irreal se corta dentro mía,
tajándome en la voz su tórrido ángulo.
Estas piedras son demasiado ajenas y huidizas como para haber
                                                                                                    [orientado el frío.

Me aventuro en la grieta, biografiando la ficción de los cometas. El
                                                                              [primer cataclismo me arroja
contra el filo innominado de las piedras, y el filo es un meandro humeante
que no cultiva nada, nada excepto un ansia rígida
de mecanismo errante y obtuso, y un aullido de
                                                                            [algodones
encrespando una y otra vez un tránsito fatal.

                                            29-octubre-2015

miércoles, 28 de octubre de 2015

He devocionado la pureza de la piedra
para tocar su perfume,
y huído hasta los territorios de sueño y pesadilla
donde el vestigio se enloquece hacia viejas cadencias
en gestos de miedo;

me he obstinado en imaginar lo intangible:
las sombras que callan durante años
en álbumes anodinos,
las fronteras de afecto con que la palabra y el sonido
me envuelven con el grito
en celdas poderosas

de igual manera que desvelo mi silencio:
paradojas de luz que giran en clave en el centro de la brasa,
el tacto de la respuesta en el sexo, el tacto de la sinrazón
y la densidad del impromptu engendrándose
en la pulpa tierna, como los escalofrios innumerables y frágiles
de los huesos inmutables.

El poniente reconforta impasible, bajo un artificio de escamas,
y en otro lugar está ninguna parte,
o sólo las omisiones de mi timidez,
ausentes y cercanas, y obligadas en su destino
igual que mi liquen innominado, de frente ante el vacío
o demorándose ante una corona de hilos y conjeturas
para inyectar algo de forma al puente.

                                   28-octubre-2015

martes, 27 de octubre de 2015

Con ventanas endógenas que operan un propósito de deseo
                                                                                          [sobre el cuerpo,
con una contienda disyuntiva de guijarros que catapultan el
                                                                                        [silencio desde su
     agua,
con el advenimiento de vindicar la edad,
con tus partículas que encogen de pronto como una llama en
     medio de los labios,
con negras mordazas de un túnel desguazado para la
     anarquía,
con la demora de estallar con todo tu aire arrastrando el vértice
     del tiempo,
a la luz del éxodo que cauterizaba firmemente un rictus de
     cenizas ateridas,
marcaste puñal a puñal los techos que sostengo.

Mis techos son obra tuya.
Contienen tu espejismo en su bitácora de quimeras,
en un rostro errante donde pueden palpitar todas las palabras del
     mundo;
vibran sobre mí con tu cima efímera,
y persiguen, al igual que tú, ese nácar de trincheras en que me hundo
                                                                             [cada vez con más facilidad,
hasta un lance de mordiscos que se resuelve en heridas, en jamases.

Los abatiste a mis pies como quien combustiona la tarde de un
     territorio del que nadie es dueño y al que nadie renuncia.
Y se rehicieron a pesar de todo,
suspendiéndose de ese sudor que brota en las espaldas de los
     amantes
y que en los perfumes del relámpago provoca espasmos migratorios,
revelaciones con que los oráculos justifican sus propios metrónomos.

Los he oído así cubrir las hembras con los astros que
     desandan la intemperie
-resortes de un rumbo impío, necio y maldito como el
     dolor-,
o destroncar en mitad de un rapto esa médula que tirita frente al vientre,
fuera, en otra antesala,
donde estarás succionando el hilo de la tregua con la lujuria de una
     matrona.
En ocasiones me embiste con la ansiedad de la niñez
una parálisis apocalíptica que se desmiembra de pronto en un aullido en
     la caverna ocluída de la razón,
o preludia como la memoria del ahorcado
esa noche que viajaste con uñas de mi cauce por todas las
     nervaduras
para que aniquile aquello que tanto amo.

Mis tejados es todo cuanto demanda tu silueta.
Florecen con tu estirpe en todas las mañanas.
Cuando los pulso con tu aroma
maduran como un hastío en la escarcha.

Y un día desataron sobre mí
ese alud del éxtasis que poseía una humedad de
                                                                   [helechos lactantes y en el
     que copiamos los pliegues de saliva de cada bisagra,
y lo quebrantaron a traición, para tabicarse los inviernos,
para que tú cabalgases como un unicornio fuera de su conjuro.
Aunque no todos pudieron hacerlo
y su sed era la de una losa.

Entonces se tajó un engarce
y te filtraste en esa otredad con una mística que nada posee
y en la que permaneces recostada, añorándome, en otros tejados
     análogos a mi máscara.

                                                27-octubre-2015

lunes, 26 de octubre de 2015

Nada hubiera erguido la sombra
si el ademán de unas cuantas hojas
pudiera reposar los relieves todos
y respirar el signo íntimo de la luz.

Mas hay una niebla inmóvil
que ensancha brutalmente el prodigio:
terrible como un impulso del sonido,
ínfima como las causas de la existencia.

Así revela el destino esas formas invictas,
esas buhardillas extintas
y ese sumiso obstinado
que concluye errante sus días
bajo el puño de planicies y mentiras.

Teneis aquí una brizna mansa de arquitectura
que jamás quiso merecer vigilancia
y no niega a la retina el deleite,
ni la obscena tristeza o el hambre,
y aún menos, el peso turbio de la verdad.

                             26-octubre-2015

viernes, 23 de octubre de 2015

Caerás quizá por aquel abismo en el infranqueable titilar
de muros, cuando la luz vertical te prohibe, como un
     eco, extinguirte.
Y caerás con el conocimiento y el diálogo sobre tí, una vez y otra vez,
     fracturando a la córnea por la misma fisura,
desgarrando los densos hematomas contra las mordazas del
     abismo,
una vez y otra vez, desgarrando contra las mordazas la angustia,
     el terror,
desgarrando la insatisfacción, segungo a segundo,
la indignidad de la sombra que te quiso, a pesar de todo,
     ayudar
(desgarrándola contra las mordazas del abismo), que te quiso
     acompañar,
desgarrando su silencio, y el silencio de su urente réplica,
desgarrándolo
sin que precise aniquilar nada más,
sin que ya no precise aniquilar nada más
de aquella pulcra tersura, de aquel clamor,
de aquella colosal tenacidad;
desgarrándolo sin que decline el volumen del viento en
     las entrañas,
el anudarse despacioso de unas cinturas, el ramificarse de una médula
a través de la voluntad,
sin que ya no precise aniquilar nada más y se eclipse el cuervo en la
     roca,
se eclipse suavemente el cuervo que se oculta para siempre
     en la roca,
la fatiga del agua, la amenaza constante de la réplica, la
     inquina de la réplica,
la punzada en la tierra
de su caótica réplica y la tuya
(en la tierra abierta
por su violenta réplica),
por su réplica violenta que ahogaba las huellas, el camino,
     el viaje,
entre las nervaduras ibas asfixiándote hacia la inerte
     noche,
transitabas entre nervaduras, ignorante, hacia la nada crural
     de tu inerte voluntad.

Y ahora desgarras las heridas contra las mordazas del abismo
de nuevo, como si no te preocuparan en absoluto las llagas,
en absoluto el tumor, la pústula, el chancro,
el relámpago eterno, la clandestinidad de la hendidura
eterna, allí, en el epicentro del no
que se expande lento aguardando lento
que se desgarren tus fauces, segundo a segundo,
contra las mordazas del abismo.

                                            23-octubre-2015

jueves, 22 de octubre de 2015

Me embriagas como un bosque, como una playa, como un crepúsculo.
Como un párpado muy mate, bajo un nido vulne-
     rable.
Me embriagas con el bucle, los dedos,
las esquirlas, los gestos,
con las variables de la carne, a través de la piel paciente, al
     decir;
con la cintura ceñida a la luz
de los sometidos frente al ansia; con ésto que me avanzas,
la historia que se desliza en el sueño, la visita blanca y el
     proceder inimaginable,
rizado sobre el pubis, en el brote acogedor,
el equilibrado desgarro entre las piernas exactas;
con ésto que me despiertas,
el culmen del cautivo, y el vaho, y la raíz
que asoma de un natural interludio;
con la tregua que ahora indemnizas y que más tarde tendrás que
     administrar;
con aquel invierno; con la ciudad
íntimamente insertada y afianzada con fuertes cimientos para
     que no se pueda desplomar;
con la sombra tensa que aquella tarde, engrilletando el
     flujo de la saliva,
tan cruelmente nos amputó, o la que taja el
     aire justo
antes de la próxima secuencia;
con la rompiente, la aureola, la sangre,
la estrategia bajo los cobertizos, las rejas del rito,
el légamo y los guijarros y las crisálidas,
hermosas como texturas de nostalgia,
como texturas y texturas de nostalgia, que con ímpetu retorciesen
     insistentes, sin ceder,
hacia un vórtice estéril, un vórtice invisible, un lugar que
     no ha sido creado,
un lugar que no fue creado jamás, frío e inhóspito
(frío e inhóspito como cráneo deshabitado, golpeado y horadado
     por un grito irracional);
con ésto y tu rapto y tu vestigio en ocasiones cuando observas
     el ecuador de la llama sin mirar, sin enjuiciar,
sin observar, sin gemir;
con la amenaza del desasosiego incluso, el desencanto del
     pasado y la alucinosis del hallarte aquí,
y la letanía de peregrinar y perder.

     Así me embriagas, y te observo diluirte como se observa una
     vieja fotografía
que pútrida y vacía arde,
una fotografía lejana,
una fotografía plena, inteligente, noble,
una fotografía que pudiese devorar.

                             22-octubre-2015

miércoles, 21 de octubre de 2015

Penetra sin temor en este cuerpo, admira los esfínteres
     hiperventilados, los desinfectantes ácidos,
las brújulas, las viscosas entrañas monótonas, los obsequios de
     tu obsesión;
recupera tu obsesión todavía cáustica en el alma,
agazapada en un resquicio de los pulmones o en el malecón que
     encallece por las poseídas venas;

penetra en este cuerpo y contempla cómo se alborotan las heces,
cómo las heces se refugian en el rizoma condescendiente,
cómo hurga y se despliega la potencia de los ojos, la
     invertebrada opacidad,
la articulación de la conciencia, el engranaje de tu deseo;
cómo se fisuran las papilas en que excitada naufragas,
cómo las suaves ingles combustionan, cómo ascienden hacia las
     brasas,
cómo las células de la sangre interpelan, cómo
     estertora el pene,
cómo se transparenta y huye hacia la claridad del recinto en que
     crepitas, las íntimas glándulas geológicas, el difuso temblor de
     las axilas, el calambre de la espina dorsal y la médula;

qué despaciosamente están inyectándose en el espíritu los elementos de
     equilibrio y sosiego,
los óxidos de los gemidos, los arriates del
     éxtasis,
los latidos, la hendidura y la raíz;
cómo en los ligamentos se inserta el espurio epicentro,
el insomne cráter con que emulsionaste la saliva, el lóbulo en
     las fauces tras la llama de la cópula,
tu mirar incitante en la bóveda ilesa del abdomen,
tu huir y tu regresar continuamente;
cómo se deshabitan las heridas, cómo se sumerge el tórax;
cómo se lubrica en los tuétanos, con órbita
     ensimismada,
la brea de los tejidos, el alimento del seísmo en los cabellos,
la sístole y la diástole del acorazado néctar, del flexible bifurcarse en tus
     meandros;
venga, imprégnate en este semen, calma el ansia, observa
cómo se exanguina a diario la fiebre del amor, cómo
     taja el nervio,
mientras por la grieta del mortal peso de la memoria
     supura
el violento oído de la luz en el elevado silencio.

                                    16/21-octubre-2015

lunes, 19 de octubre de 2015

Te arqueas,
humanamente te arqueas
como un acróbata
que sucumbe
dentro de la esfera de un reloj.

Tienes unas décimas de fiebre
y algo de humo bajo la lengua.

Hoy no ha venido a buscarte.
No, no ha venido.
Y el mediodía se hizo demasiado largo,
largo y tedioso
como el amor
que siempre viene de vuelta.

                    20-octubre-2015

jueves, 15 de octubre de 2015

Degolla ya la cal de esta tierra, anticuario del frío.
No quiero cautivos para deambular entre las lápidas de mi cicatriz,
entre la crueldad de mi pueblo.
Dególlala, te ordeno:
dególlala contra tu propia yedra con este azar insomne con que aplaude
     mi otoño.
Y tú, vástago soberbio, no olvides disolver el espanto que nos asfixia.

Yo extraigo lo inexplicable a tu lado.
Acudo corriendo junto tuya desde el origen
con un violín de noticias y este mutismo inocente en los labios.

Tambien están mudos allí.
Jamás un fragmento de noche,
jamás una apertura del rayo hemos atisbado con tantas tragedias
     amputadas al sueño.

Tan sólo esta indiferencia en la tempestad
deficitaria de un auxilio ausente en ti, aristócrata del dolor;
tan sólo esta fiebre en la sed,
por un abrazo del revólver,
por un acreedor de íntimas caligrafías,
por un reproche de la soga entre tus manos violentas.

Ahora puedes volver a remar.
Oblígate a seguir aullando mientras devora el desierto el silencio de
     estos tiempos,
y yo hurgo la ceniza en el laberinto
donde algún metal tuyo permanece reclutado por un verdugo impúdico
y libero los tinteros que te reclaman las brasas.

Fluye demasiada inconformidad para tan pobre légamo,
tantas huellas adormiladas por la embriaguez de la narcosis
para ocultarte el rastro,
tantos engrudos de guijarros y escolopendras en la pendiente del terror
para enervarte,
tantas ausencias de cabelleras que palidecen con el día
para registrar mejor la sombra de ambos,
para inscribir la vaguedad del desconcierto en el espejo de la certeza
y arrancarnos el aliento,
igual que en el taller del viejo taxidermista.

No abortes tu huída: son nervaduras del humo.
No entablilles esa música: es el atrezzo geisha del vampiro.
No añores esos enjambres: son únicamente el hambre que
                                                                                       [se avergüenza entre
     montañas y entre veredas.
No invadas esos raíles que te hienden con la fina aguja de todas
     estas arenas.
No aspires ese vaho pues alberga el olor de la sangre y es
     sirlero y avaro.
No alabes con el trisquel en el poniente de los calendarios,
no tajes con el reloj, no certifiques quien eres.

Él porta un bisturí y una lágrima,
embaucador de náufragos.
Te abre para extirpar las puertas o te electrocuta en la humedad de un
     prostíbulo.
Se orina en una metáfora.
se reinventa como testigo que destruye la incertidumbre o como
                                                                                                     [alimaña que se
      exanguina en la imaginación.
Erosiona cada variable,
transforma las estancias en un subterráneo de marginales,
con las fauces predispuestas para la dentellada como un espasmo,
como el augurio de tus máscaras entre estos vestigios que paraliza el ayer.

                                        15-octubre-2015

martes, 13 de octubre de 2015

Es insomne este vacío.
Apenas si roza mundos ciegos envueltos por el reflejo
     de la noche
o tinieblas ausentes en un silencio inútil.
Nombra lo que se diluye entre blancos paréntesis;
nombra lo que se hunde como dolor tenaz en su diálogo ingrávido.
Este vacío es de ansia y es seminal.
Ninguna huella que me insinúe qué debe definir entonces
este mutismo de sombra que agrede sin una piedra donde detener
     superficies,
este dehiscente yo bajo una nervadura más exangüe que un
                                                                                            [engranaje roído
o esta doblez de enigmas que atormentan la llaga de adentro afuera.
Tal vez mórbida sombra que anuda
como núbil tránsito custodiado desde el acto sin identidad de un
     gesto;
tal vez dehiscente revés que me arrolla con mi materia de luz;
tal vez doblez de movedizas arenas moduladas por la vertical de
     otros ejes.
Aquello que se desaloja con la tenue tibieza de los humos.
Es amenazador este vacío.
Cauteriza sin piedad al que trasiega con su sediento ulular.
Tan sólo me avanza ecos,
insaciables raíces de esas antiguas texturas que acuña la substancia.
Aunque quizás sean restos de mi propia substancia y de otro vacío.

                                            13-octubre-2015

viernes, 9 de octubre de 2015

Como un impune detritus
a quien ya sólo devorase la raquídea jauría de los cerrojos bajo la 
     almohada,
o como un nudo de élitros inflexibles decantados por el quicio
     de los vertederos
en el balbuceo del terror y de la paradoja,
o incluso más aún como el hambriento que se expande hasta el límite
     de la luxación
debatiendo con un ilícito estrépito de pasajes,
así continúo, sin obstáculos,
hasta impregnar mi refugio de exiliado en los estigmas,
hasta vislumbrar los túneles que encauzan minuto a minuto a la oscuridad,
hasta morder en la luz en que el mendigo suicida los 
     volúmenes del insomnio
para poder sucumbir sin ningún impulso.
Esa es mi mejor réplica tras la única trayectoria que se 
                                                                       [bifurca cada estación hacia
     el mismo ahondamiento
en donde la fuerza se aparea con su detonador de insumisa.

Ella me acompaña envuelta de sombra crónica,
movida por la giratoria obscenidad del jadeo que no se escinde jamás,
y sus pupilas abruptas, ciñéndose en el trisquel nítido de otros horizontes,
evidencian una pesadez paliativa,
un cráter como de ásperas costuras aprovechadas para el ataque.
Yo me adentro hacia esas expansivas empuñaduras de
      odio que me inyectan de nuevo mi propio veneno,
aunque he de resistir
lo mismo que un cauce obstruido por los melanomas del exceso
     en una cripta,
al inicio informe de la narcosis,
hasta un acorde que hoy es la metralla que me engalana y
     nadie más ve.
Y es que hoy ella deshilvana con esta pequeña presión al émbolo la
     ventisca del origen
y taja profundamente las visionarias nervaduras de los trances.

Aún así, esta raíz del espíritu donde me instalo,
estos pozos sin razón en donde habito con el tiempo del
      exterminio,
estas mortajas que insisten y se pliegan de pronto para equiparar un
      silencio semejante a mi final,
me reducen de nuevo a la cueva de fauces que deglute cada
      motivo por el motivo en que perezco.

                                     9-octubre-2015

jueves, 8 de octubre de 2015

¿Qué unidad es esa que se doblega y reflexiona en la cárcel
como si jadeara el dolor de la primera tortura?
Yo no he coaccionado a nadie. Yo no he expresado tener otro sostén.
Y no autorizo verdugo alguno a llegar hasta aquí para disciplinarme
                                                                                    [como cigarra sádica,
como una plaga de chorreantes e inútiles máscaras.
Soñé, permítanme un momento
(he de marcarme con algo hasta que se catapulte por desgaste la llaga)
desde la insensatez y el desprecio soñé aquella parábola,
cuando Babilonia caía ante mis muros dorados como una
     guarida de leones
instándome a reinar,
y yo, con el fardo gastado de prodigios, de sobrecarga vivificadora
     y secretas fuerzas,
rehuía in situ las leyes y los dones,
mi voluntad tentada por bellos paisajes y de pronto arrastrándome
     fuera,
lejos de aquel obsequio inesperado
al que acudían tan sólo los devoradores y las rameras.
Igual el oráculo no tuviera sexo.
Que se multiplique ahora la avaricia y no tenga sexo.
Que me socorra el aroma sin pan,
que los vehementes lujos asciendan y me alquilen,
y la conciencia de todos los que caminan transforme mi sencillo
     silencio.
Pero únicamente la puerta de un infierno sin balanza me abre.
No es posible confiarse de las bocas del éxtasis:
su saliva habita en mí.
Ya que provoca y absorbe irremediable la llama más
                                                                     [candente de las tinieblas
sobre nervaduras que deslumbran como un estallido, como un vórtice
     colérico e infinito,
menguando su rumor, el bramido de las profundidades.
No alucinaciones, ni guadañas, ni holocaustos.
Detrás de las incombustibles fragancias madura mi propia sombra.
Recuerdo desaparecer bajo las transparencias de los líquenes,
y hay un colmillo blanco que cuelga mágicamente en el árbol
y luego ya nada me importuna salvo achicados gusanos
que me arrojan a las inmisericordes y siempre irrevocables
     brasas
y es una malla esa que me atrapa quejumbrosa e inmóvil
de la misma manera que el insomnio cuando me horada con su sarcasmo
     desde todos los ángulos
y me lapidan sus piedras de terribles semblantes hendiéndome los huesos
mientras lucho por extirpar los nudos que tan bajo sospecha permanecen
     dentro de mi cuerpo
con ese desencanto de quien desordenó las hebras de su ya
     humillante eje
aunque tenga que salvaguardar la caverna
en la moratoria de una última placenta
para no eclosionar únicamente lógica déspota y delirio
sobre el esfínter abierto del cosmos
aquí donde estoy eclosionando
y eclosiono y eclosiono
tras ningún combate.

                                     8-octubre-2015

miércoles, 7 de octubre de 2015

Soturnas palpitan nuestras soberbias,
las matrices continuamente hendidas,
la raíz de las vértebras cárcel del sueño,
para enhebrar austeras otro centro con la danza que quizás
     sea reflujo en nuestras nervaduras.

De nuestro yo parten los terrores con sus resacas rítmicas,
el climax inhóspito como un soplo áspero que exalta el corazón
     invadido,
los sordos zigzags de los días desatados en aliento o en ahogo,
las primarias herramientas cuya sombra paladeamos igual que los olores
     que los excrementos puros asientan,
el extravío unánime de las substancias,
la tregua, el enclave,
todo cuanto trenza el anhelo, la herida de no restañar jamás
     un impúdico éxodo.

Desde lo más recóndito de nuestro yo se exilian esos lentos temblores
para magnificar, anónimos, la elegante malla que sostiene nuestro 
     irrepetible pasado,
y donde cada fábula se arrebata en el tragaluz de otras fábulas que
     suceden,
y ahora se abisma,
y emigra en la sangre, lentamente, a un oculto paisaje que tambien
     nos arrastra a crepitar fuera de nuestra parálisis.

Así cosen en ocasiones esas suntuosas líneas 
en las que la cicatriz se agota, rutilante, encharcada de púrpuras
     fiebres,
porque en el pasado ascendió esa misma oscuridad;
e incluso las límpidas,
aquellas que tocan maniobras tan dulces,
tantos aromas reinventados,
tantas penumbras que jamás se desencovaron en nosotros
y que irrumpen, implantadas, cual aquel que hierve sin saber cómo
      en otra laceración.

Hoy, cuando la voz corta como una cuchilla el camino
     sin fracturas de los relojes dispuestos a pararse:
¿quién vedaría el murmullo de una cabellera bajo la lápida,
la tumefacta ceniza de una forma cualquiera,
ante la intensa rabia en la que indagando furiosamente se arman
tantas osamentas que aquí quebramos en cal viva?

Hoy, cuando sucumbió toda gramática 
a qué orificio gestado a la ebriedad del oprobio o al conjuro del
     nacionalcatolicismo,
a qué burda cuneta enervada por inclementes espinas o por el
     silente despojo de los casquillos,
a qué disloque tan nuestro,
irá ese aire al que cada silencio me desalojó:
esa prueba de sinrazón,
el odio.

                                     7-octubre-2015

lunes, 5 de octubre de 2015

 



                       AMBIGÜEDAD


                                   I

¿Dónde anidará esta ceniza,
ajusticiada bajo las sospechas de tamaña ecuación,
sin haber extirpado su escarnio ni en el llanto de las heces ni en
     la cloaca de sí misma,
y ni aún en una esfera de ausentes que se coronase como un
     trasto ecuánime a su desamparo,
como un plenilunio de piedad junto a la pirámide?
Ya habrá esperado sangre, con sus manos de cepa precisa,
ese nudo de acero del que aspiraba,
donde comienza a laminarse la fibra y a demorarse el derrumbe
     de la envoltura.
Ahora, cuando podría averiguar todas las incógnitas del
     azar,
ignorará sin vergüenza no interesarse para sortear las ardientes
     plegarias de las brasas
y apuntalar una llama de reclusa en la hoguera.
¡Se han trastabillado tantos hurgando las fisuras que los
     auparon a este laberinto!
Tú tajaste la carne y exanguinaste para siempre todos los cuerpos,
con esa misma desmesura con que arponeabas tu patria y te extenuabas
     en la coacción y el exterminio.
Te extirpaste tu sigilo de vestigios, tu humo de saudade,
la partitura de estantiguas fábulas templadas en la cicatriz del
     mito,
el músculo del dolor,
y te aislaste en los comunes vericuetos sin otro garfio que tu dividendo
ni mejor anzuelo que unas cuantas guadañas tatuadas sobre tu
     piel
igual que báculos.
¿Y no podrás aún anestesiar de nuevo los límites de las huellas
como los de una víscera por donde mañana y noche muestran
     generosas sus arterias
como tendida gratitud?
¿En algún momento podrías simpatizar con la forma,
cuando añores el horizonte,
cuando el gris pelotón cargue una vez más contra todos los muros?
El puente, todavía eslabón de alguna metralla, no obtiene anestesia,
como si tirase por una tronzada e inerte ala de un reflejo
     que enceguece.
El camino únicamente aflige la fortaleza de un devaneo inútil ante el
     abandono inevitable.
Las nervaduras son como relámpagos de tierra estampados contra un
     reloj.
¿Será posible que no acudas, tú, que nunca faltabas antes de tener
     consciencia,
tú, que te prestabas diligente como un tahúr a los terrores
y que jamás te excusaste como un lecho grato arraigado por la lisonja
     del descanso?
¿Será posible, cónclave de la tarde, gesto para la raíz y para la
     piedra?
Igual has arrivado en el letargo del sarmiento
y aguardas como vidrio paria otra vez entre viejos pozos y
     epidémicas fiebres,
con ese secuestro errante de los que no representan mercancía alguna,
de los que siempre caen en el mismo lugar.
Quizás te metamorfosees entonces como crisálida en la que
     se transparentó el fuselaje de la vida,
ese estallido arrancado desde la matriz unívoca hasta el
     suave rictus del diorama;
o como esas hirsutas larvas que atropellaban tu vitola en un
     fósil oprobio
y te arrastraban al delirio y a la mandrágora como a cualquier testigo;
o a través de esa heráldica en la que sepultabas tus cabelleras bajo
     grandes surcos,
no para ocultar la ventisca junto al sigilo, sino para cegarle
     el tacto al futuro;
o en esa ética donde renovaste un gesto de consumido caudillo
como una urraca aperreada por los dioses en cualquier vértice
     esquivo de la dignidad;
o allí, en dones que ahora son ignominia,
donde pudieras hundir la mandíbula de una gesta, la montura de
     una lágrima,
cuando todavía no poseías esa clara desobediencia de los que alientan
     la sed como un parpadeo,
cuando todavía no quebrabas con martillos los ponientes,
cuando te ovillabas en las aspas bajo la sombra de un
     tibio porvenir,
y todavía era pronto.

                                            II

¿Y habrás anquilosado mejor el tímpano,
suprimiendo tu bautismal saliva con cuchillas que son un
     síntoma mensajero?
¿O te persiguen sierpes desde alguna elipse,
mientras concentras venéreas primaveras con esas ubres horadadas,
con ese resorte de escoba enmedallada con que te amoldas a las
     cadenas de cualquier nombre,
alimentando tan sólo fiebres y bacterias, con penetrante misterio?
¿O todavía no pudiste nutrirte y no has poblado las sepulturas?
No quiero pensar que permanezcas dormida en tu tranvía Artaud
     constituyendo otro cristalino óxido,
truncando los termómetros de tu balanza tras la fuga de las puertas,
como si no hubieran expirado junto a los fantasmas en tus tejados,
como si amparasen algún aceite;
o que naces de nuevo entre estelares ejes creyendo que te resucitan
     en la aurora rota,
frente a la niebla nacarada,
donde hubo una cerradura que alguien engulló y un marcapasos que
     se detuvo,
y guardas las llaves y no alcanzas a esbozar tus níveas trenzas,
la particular intimidad que te ilumina tras cada torso.
No debo aguantar que perezcas anegada por una adversidad,
     maniatada en lo etéreo.
Ahora soy yo quien corta ramajes sin encontrar el manuscrito,
o quien vomita hongos con el lodo que impregna sus propias
     alucinaciones.
¡Cuánto navío irreal para templar el rocío de tus urgencias!
No modeles de nuevo la geología de tu voz utilizando los
     frisos de la tormenta,
no añadas herida espuma con un afán de maestro,
no hagas palidecer con el delirio de los escorpiones la constancia de los
     astros.
¿Somos ambos uno solo?
Jamás vencimos mejor ángulo que el propio envés
para constatar que en algunas cópulas pende la firmeza del infinito.
¡Hemos vapuleado juntos tantos subterráneos tras estas titilantes agujas
     hermosísimas desgarrando el silencio!
Ahora en cualquier hacha habita la sombra:
esa es nuestra narcosis concubina, la plural orilla.
Ahí está la abeja del climax, el pináculo de la génesis,
la acuarela anterior a la cicatriz que sangra taciturna y acaricia
     los sexos.
No apartes el aliento descalzo.
Vuélvete, vuélvete hasta internarte en la montaña como los
     aromas de esta inmóvil corriente,
como los idiomas que se calcinan en las ingles.
E ignora junto al cáliz de azufre, la lepra amarga, los
     grimorios;
ignóralos con esa tenacidad que solo tus éxtasis
     soportan,
pero ignóralos, a sabiendas de su lascivia salvaje,
a sabiendas de su ebúrneo cántico.

                                  5-6 octubre 2015