jueves, 18 de septiembre de 2014

Los adverbios toman las pulsaciones a los erizos
Capan las infusiones particulares del saúco
El precio de los oídos alimenta las bujías
Los ratones entran
Corretean por los juicios pendientes
Se corta la electricidad anterior a la pincelada
Los lácteos salivan la paciencia
Describen el mar los dátiles
procedentes de la obscenidad gratuita
Pulsan los botones reusan dorar el pescado
Se enemistan con el olor de los lienzos
Pueril juventud para concertar un temblor instrumental
Calla la delación
La patria orina frigoríficos
Murciélagos sin dentadura
desaparecen en la dócil blandura de los nombres
Entonces permanece testigo
La solaz bebedora de ginebra
pliega hojas de tabaco
en las que ha escrito su vida
Fuma con afán todas las tardes
Todas las tardes fuma y bebe ginebra
Salina como la mar
Sabrosa como el sudor en las lenguas estacionales
El norte deposita incrédulos faisanes
donde convalecen los terminales memorialistas
Residuos veraces obsequian bondad
a las membranas de los templos abandonados
Los lugares sufren ataques al corazón
oriundos del tañido descalzo
La sandez tiene liendres que la traición no serena
Cesan las torturas pero aumenta la profundidad de la herida
Obscuridad líquida
Anónima de los besos laborales
El centeno arde
Insiste en beber
las manchas anochecidas del cansancio
Se impulsa la acusación abrasada en las ventanas de la quietud
La distancia se usa para la perfección
Transmite iconoclastas que maduran las extremidades del grito
Los márgenes de la extracción
son signos pesadísimos en los parques
donde vacían las mujeres sus palanganas
El ademán histriónico del cuervo
tiembla en las hojas metálicas del desahucio
Los que defecan el azul penetran mejor
en el cauce anciano de las huellas
Gestos que fermentan su fatiga entre espinos
Se lamen la pureza unos a otros
Prostituyen la esbeltez de su misericordia
Perdió los dedos el pianista ajustando
el miedo a las acusaciones de la sequía
Ahora su música persigue universos
en basureros donde sólo suena el temor a la muerte
Partituras descalcificadas se drogan
con la urticaria del olvido
No hay híbridos de lo incierto
Los pasajeros se bajan felices en la misma convicción
No desean exquisiteces
El mustio pulimento de las dádivas
restablece su imbecilidad vigilada
Se dieron alaridos en la hierba
gritando un nombre de mujer
La obscuridad alcohólica los ahogó a todos
No hubo banderas que acudieran
a la ejecución del mártir
Inclinado en los escalofríos de la piedra no protestó
Se dividió exacto
Ningún asedio a su demencia
Nadie acarició su instante
Fue mordido durante semanas
La campanas le enseñaron su destino
                   21-septiembre-2011