martes, 23 de septiembre de 2014

Adoradores de la miniatura hasta el extremo del éxtasis abstracto
se fueron de charla con un barullo de desechos
cuya complexión oportuna para la retórica
les hacía revelar mandíbulas
con ciertos indicios de enfermedad
En los lechos de Europa Central
importunaron la silenciosa huida de los gatos
En las marismas de la poética alquitranada
se bañaron deseosos de una experiencia salvaje
Por los adoquinados vaticanos
lamieron el humo blanco de la adivinanza
y dos o tres caries se unieron a sus ya rancias dentaduras
En el norte se opusieron a descansar
por la alegría que les provocó el frío
En el sur este y oeste florecieron después de la resaca
Una resaca decorativa como los abalorios de la tristeza
Una resaca por cuya culpa
vendieron hasta el último resto de sus miniaturas
                            27-septiembre-2013