lunes, 22 de septiembre de 2014

Como el perdón seductor sucumbió el hormiguero
ante las amenazas de laberintos clausurados
cuando la tentación agonizante
destinó al mar la poca temperatura
de sus escasos brotes
Sicarios de los vicios impíos
cayeron sobre el engaño con acuciante jauría
que ni las astillas de suburbio
ni los rastrojos de alcantarillas
supieron doblegar con ningún alfabeto
Fue el sobrepeso de la carga
contagio de una pureza tal
que el peligro todavía hoy
deposita bajo los tiestos
los testículos de lágrimas
después del mudo mantenimiento de los remedios
Agonías insolentes deslizan los castigos
en la corteza de espaldas espejo del hundimiento
con el insoportable peso de las llagas
aromando los mosaicos de la infamia
Y aunque los desvaríos derrumben alrededores
la proa de la muerte corta los segundos
antes del despertar de estatuas
La caliza de los sesos reflota la bufanda
que la nuez narra en el refugio
de pacto opresivo con el andén zigzagueante
Ahora el puntal en pena de la pirotecnia
plasma un destello de tigres en la oclusión
para inculpar la avaricia embalsamada
El barro secándose en felpa no supo
edificar con los pedruscos de frío capricho
Descendencia de pasmo a solas con los quehaceres
de goma dos en balancín genuflexo
para sosiego de la segura desaparición
conminó los cazos de hirvientes posibles
a reclamar readmisión en la abulia del dolor
Voluptuosos huesos trasladaron
las fisuras de los prodigios
a escarpados limbos en prueba de rebeldía
La fianza de las constelaciones
aumentó la absorta mendicidad de los ángulos
En la precariedad un puñado de sémola
impregnó las paredes
con la lúcida consciencia de los decapitados
                             17-julio-2012