viernes, 4 de julio de 2014

Envuelven las flores el ataque
De inteligencia fraasan los torpes presumidos
Hay dulces para los idiotas después de cada canción
Saltan las púas al mínimo roce
No se pueden adornar las bocanadas del corazón
Son las doce para los fluídos del laberinto
Los pechos se arrojan a las manos obscenas
Caen carroñeros sobre los abalorios de paja
El parto lento suspira tajada fragilidad
Ruedan bostezos al chasquido de la multitud
Los nudos lloran en las iglesias el aguamarina del atardecer
A los pies del perdón un vestido rubrica la náusea
El gallo aplaude a los arqueros aprendices
El buho es mejor vigía que la ceniza tirana
Hay enfermedades desecándose según avanza el rosario
Desbordados adoquines polucionan las tibias resucitadas
Esperan los trenes el vómito fácil de los pensadores
Van al médico los suelos engordados de muertos
El colchón canta la triste caza de la hambruna
Jamás amarán los muebles al incapaz tragaluz
Una mujer sella las ventanas con los dientes de la sopa fría
                                  12-diciembre-2013