lunes, 30 de junio de 2014

Vivió parásito de un ancla
hasta que los leones marinos
le tatuaron madrugadas en las encías
Entonces decidió ser mortífero
como el hacha que atrae a las moscas
después de visitar
el odio madurado en árboles
ciegos de la niebla de los estrépitos
Se dirigió con afilada demora
hacia los lugares de la grasa fundida
En las caderas siempre colgando
los cables para el terror subterráneo
Perdiéndose como los erizos entre maleza
una vez había secado
los pavimentos de pieles pretenciosas
Juntó miles de odios
entonados en hornos
que la rueda más tosca
escondía en viejos helechos
para amenaza de impostados
y de las hordas infames
                   31-julio-2013