martes, 25 de junio de 2019

DE PADRES A HIJOS

Si en un tiempo, que casi no recuerdo,
quise ser carpintero, fue únicamente
para poder legar algo útil a mi hijo.
El hijo que no existía entonces
y que ahora ordena en el suelo,
según su analfabeta voluntad
de colores y formas,
el alma vertical que tuvieron mis libros.

Si quise que mis manos levantasen
cosas recias; camas del pleistoceno,
armarios del diecinueve,
sillas de la posguerra,
fue sólo para unir mi vida a la de otros hombres
y que, llegada mi muerte, alguien diera
golpecitos en mi pecho o mi cabeza
diciendo:
no suena a hueco, estaba hecho de buena madera.

Las charlas de familia se poblarían
de cedros, de cerezos y de pinos.
Sin haber escrito jamás un libro,
vendría a la memoria de mi hijo
cada vez que él mirase una librería:

así las hacía mi padre
tu abuelo construyo este mueble
hace más de cincuenta años.

Asuntos así de simples. Pero

es una maldición mi raíz léxica.
No sé de dónde nacen los poemas,
no sé explicar su tonta arquitectura.
Por qué un acento, por qué los esdrújulos
caballos que van hasta un adjetivo
en el que beben su definición.
Por qué los flexos guardan una espada,
por qué la espada lleva dentro un gato,
por qué los gatos son flexos a oscuras.

Antes de que crezcas y el alfabeto
te asome como una mala montaña,
quiero que me perdones, hijo mío,
por no saber las cosas de los hombres,
por esta ingeniería de la nada,
por este oficio de aire.

Iván Onia Valero

<ÁRBOL DE ALEJANDRA>

Colección Tabacaria (4)
Karima Editora
EL PRIMER MATIZ

Lanzo una moneda al aire. La superficie donde cae debe ser rígida, es más fácil permanecer de canto en una extensión severa. En cambio lo complicado es impaciente. Nada permanece erguido en ello.
     La dureza, la rigidez, lo severo, es nuestra cultura, nuestras lecturas. Cuanto más leemos más probabilidades tendremos que una moneda caiga de canto. Tendrás el primer matiz.

Javier Sánchez Menéndez

<Confuso laberinto>

Renacimiento
DUDAS RAZONABLES

No siempre la verdad es limpia,
tiene aristas, venenos escondidos.
Su brillo cautiva
con la misma inocencia
que un amor primerizo.
No basta con seguir su camino.
Es esquiva, y cruel, y no concede
respiro.

Alguien puede creer en ella
equivocadamente.

Ramón Crespo

Las hojas enfermas
Habría que atravesar el universo lírico
Como se atraviesa un cuerpo que se ha amado mucho
Habría que despertar las potencias oprimidas
La sed de eternidad, equívoca y patética.

Michel Houellebecq

<Configuración de la última orilla>

ANAGRAMA
PENA

Una pena fugaz pero infinita
atraviesa mi cielo.
Un latigazo seco
en las entrañas de una realidad de la que huyo.
He encendido un cigarro
y me he puesto un gintónic,
aún así, no he podido romper el desencanto.

Entra por la ventana el ruido
de una interminable caravana de camiones,
de esos que cada madrugada
se llevan la basura.
La mía no he sabido bajarla todavía.

Por no hablar del innumerable ramo de capullos sin flor
que cada día abortan mi reciclaje.

Javier Ruiz Taboada

<Entre tu espalda y mi pared>
Renacimiento
LA CIUDAD FANTASMA

Nunca estuvo Dublín tan solitaria.
El Liffey y los canales, Sandymount,
se ven sin un alma, y no es el viento,
no la lluvia derramada por el Green,
ni el último autobús que ya partió
camino de colinas empapadas
igual que las mejillas al escuchar inermes
derramarse ciertas canciones.

La capital de Irlanda está desierta
como una naturaleza muerta en la National Gallery.
Toda la poesía del país
se hace sinécdoque esta noche:
Dublín está vacía porque un cuarto
de hotel no lo ocupamos nosotros
que deberíamos estar hoy juntos en él
dejando caer el cobertor,
mojando los zapatos la moqueta,
ese hueco calzado que nos llevó tras los pasos
de una pareja que no somos tú y yo,
y ni siquiera está en Dublín esta noche de lluvia
y, lo que es más, ni siquiera es pareja.
Dublín tiene dos habitantes tan solo,
y no están, no estamos allí.
Digo Dublín,
pero es el cementerio de Glasnevin,
cerradas las cancelas de la noche.

Antonio Rivero Taravillo

El bosque sin regreso
La isla de Siltolá

domingo, 23 de junio de 2019

EXTRAS

Cuando el Dublin Institute of Advanced Studies
empezó a publicar la revista Celtica en 1946,
Best, Binchy y Ó Morchú, con MacManus,
no sabían que estaban trabajando para la posteridad;
no para la recuperación de la lengua
ni para la erudita publicación de unas inscripciones en ogham,
sino para reposar en la espera
en esa balda en que hoy tú
adornas con tu mirada el estante.

Los locos visionarios que poblaban
con túnicas y barbas y salmodias
las calles de Glastonbury
y la colina del Tor,
los mismos en nuestros viajes distintos
hechos por separado, se unen
y cobran el sentido del que carecían;
y hasta los mismos Ginebra con Arturo,
en su tumba abacial, no son reyes,
sino pobres villanos que se pliegan
a ser pretexto para nuestra conversación esta tarde.

Cuando esa destilería se reabrió
después de muchos años, y la turba
volvió a dorar los ojos en botellas
como esta que te ofrezco y compartimos,
le daba igual su Islay, igual su malta;
solamente aspiraba
a esta habitación y el brillo antiguo
que en tus labios embriaga doblemente.

Las fatigadas mitologías,
las tríadas y las lanzas, los fuegos
que ardieron en murallas ya deshechas,
solo se levantaron para ser el escenario
de esta charla, mi amor, tuya y mía
en torno a nuestro siglo y nuestra tierra,
que no son estos nunca, y bien lo sabes.

Desde esta tarde, juntos, abrazados,
mis dedos en la aljaba de tu pelo,
volvemos a ese instante, ese país
en que éramos uno solo, acompañados
de este ejército de extras y cameos
que incluyen a Merlín, Suibhne y Sir Gawain
acudidos puntualmente a la cita.
Todo tiene su lógica y su ritmo:
los anales, los lais, el trobar clus,
las baladas fenianas y "La Dama
de Shalott", que traduje para ti
cuando antes de verte ya te amaba.

Todo desemboca en esta fecha.

La Piedra del Destino chilla, soberana,
bajo tu carne aleve en que me hundo hacia arriba.

Antonio Rivero Taravillo

<El bosque sin regreso>

La isla de Siltolá